Lo que alguna vez fue un vibrante paraíso de biodiversidad en el Pacífico Occidental, se ha transformado en un inquietante ejemplo del impacto devastador de una especie invasora. En este territorio no incorporado de Estados Unidos, la introducción accidental de la serpiente arbórea parda (Boiga irregularis) tras la Segunda Guerra Mundial ha desencadenado uno de los peores desastres ecológicos del siglo XX.
Desaparición masiva de aves y un silencio alarmante en los bosques
La expansión de esta especie —transportada presuntamente en cargamentos militares— ha llevado a una población estimada de dos millones de serpientes en Guam. El resultado: 10 de las 12 especies de aves nativas han desaparecido por completo. Las pocas sobrevivientes se limitan a zonas urbanas o cavernas, lejos de su ecosistema original.
La pérdida de estas aves ha alterado gravemente el equilibrio natural: sin aves para dispersar semillas o controlar insectos, el 70 % de los árboles nativos presentan problemas de regeneración, mientras la sobrepoblación de insectos aumenta. “Los bosques de Guam sufren hoy una inquietante falta de canto de aves”, advierte el equipo de investigación encabezado por la ecóloga Haldre Rogers.
Depredadores sin control y comportamientos alarmantes
Los reportes científicos dan cuenta de la ferocidad de estas serpientes. En 2018, Rogers narró un insólito incidente: una serpiente comenzó a devorar un cerdo asado durante una reunión. Por su parte, Henry Pollock, del Southern Plains Land Trust, señaló que estos reptiles son capaces de atacar animales de tamaño similar al suyo, y en ocasiones incluso matan sin consumir a sus presas, como se ha documentado con polluelos del estornino silvestre (Såli).
Un nuevo huésped: la explosión de arañas
Con la desaparición de aves insectívoras, las arañas han tomado el control de los bosques. Se estima que Guam alberga más de 733 millones de arañas visibles a baja altura, y más de 4.000 millones en total. Especies como la araña bananera de vientre amarillo y la cazadora Heteropoda venatoria dominan el paisaje.
“Cuando vas de excursión, lo normal es que alguien lleve un palo al frente para quitar las telarañas del camino”, comentó Pollock, describiendo la magnitud del cambio.
Intentos de control y soluciones limitadas
El gobierno de Estados Unidos, que administra Guam desde 1899, invierte 3,8 millones de dólares anuales en frenar la propagación de esta serpiente. Medidas como el uso de perros rastreadores en puertos y aeropuertos han evitado, hasta ahora, su llegada a otras islas cercanas como Rota o Saipán.
Uno de los pocos éxitos se registró en la Base Aérea Andersen, donde se implementaron cebos de paracetamol —tóxicos para esta especie— y una valla a prueba de serpientes. Sin embargo, los expertos advierten que replicar este modelo a gran escala en el accidentado terreno de Guam es prácticamente imposible.
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